La soledad dispara los pensamientos intrusivos y la ansiedad


La falta de contacto social potencia la ansiedad y agrava los pensamientos intrusivos.
Un estudio internacional dirigido por la Universidad de Queen en Canadá reveló que la soledad y el aislamiento social son un terreno fértil para que aparezcan los pensamientos intrusivos que alimentan la ansiedad. Estos pensamientos, repetitivos y molestos, surgieron con más frecuencia en personas que pasaban mucho tiempo solas o con baja estimulación en su rutina. El hallazgo mostró que mientras más solitaria era la situación, mayor era el riesgo de entrar en un círculo de preocupación constante. La investigación explicó que la ansiedad se intensificaba porque la mente se quedaba atrapada en esas ideas sin descanso. Sin embargo, la interacción social, ya sea presencial o virtual, ayudó a reducir notablemente este patrón. Incluso una simple conversación en línea mostró un efecto protector frente a la ansiedad. El estudio resaltó que el contexto social influye directamente en la cantidad de pensamientos intrusivos. Un ejemplo claro se dio en el ejercicio: cuando era individual, los pensamientos negativos aparecían con fuerza, pero en actividades deportivas acompañadas, la frecuencia bajaba de manera marcada. Los investigadores señalaron que las personas con menor apoyo social fueron más vulnerables a la ansiedad causada por estas ideas repetitivas. En cambio, quienes contaban con vínculos cercanos tuvieron más herramientas para enfrentar las preocupaciones. Esto demuestra que no basta con la fuerza personal, sino que la red de contactos también es vital. Los autores insistieron en que promover la socialización debería ser parte de las estrategias de salud mental. Recomendaron crear más espacios de encuentro y valorar también las conexiones virtuales. Destacaron que hablar con alguien, aunque no sea cara a cara, ayuda a disminuir el aislamiento emocional. La investigación dejó en claro que la calidad de los lazos sociales tiene un papel clave en el bienestar. Los resultados abrieron la puerta a repensar cómo las relaciones humanas pueden ser un escudo contra la ansiedad. La conclusión fue que el contacto humano es mucho más que compañía, es un alivio real para la mente.
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