Robos con escopolamina se disparan en Ecuador y dejan más víctimas




Entre enero y marzo de 2026 ya se reportaron 461 denuncias por robos con escopolamina
Los robos con escopolamina vuelven a prender las alarmas en Ecuador. Las cifras muestran que este delito sigue creciendo en 2026. Según datos citados por Ecuavisa a partir de información de la Fiscalía, entre enero y marzo se registraron 461 denuncias. En el mismo periodo de 2025 hubo 316 casos. Eso representa un aumento del 27,7 %. Durante todo 2025, además, se contabilizaron 1.691 denuncias por esta modalidad. Detrás de esos números aparecen historias de víctimas que despiertan sin recordar qué pasó. En Quito, por ejemplo, dos militares denunciaron que terminaron sin memoria y con sus cuentas vaciadas después de compartir bebidas con desconocidas en La Mariscal. En otro caso reportado por el mismo medio, dos jóvenes perdieron su vehículo y sus pertenencias después de aceptar comida de extraños cerca de la Universidad Central. Los testimonios repiten el mismo patrón: confianza rápida, un vacío en la memoria y un robo que deja secuelas. El delito ya no parece aislado y se mueve en fiestas, calles y encuentros que arrancan como algo normal.
La escopolamina es una sustancia peligrosa que, usada con fines delictivos, puede afectar seriamente la salud y facilitar robos, según el Ministerio de Gobierno. MedlinePlus indica que entre sus efectos pueden aparecer desorientación, somnolencia, mareos, confusión, visión borrosa, alucinaciones y convulsiones. Las autoridades también alertan que, en ciertos casos, el riesgo puede llegar a ser fatal. Por eso la recomendación es no aceptar bebidas, alimentos ni regalos de personas desconocidas. También se pide no perder de vista el vaso en bares o discotecas. Si alguien siente mareo repentino, sueño fuerte o confusión después de interactuar con extraños, debe buscar ayuda de inmediato. El aumento de casos en 2026 muestra que esta forma de robo sigue expandiéndose. Las víctimas suelen repetir que podían caminar o hablar, pero no controlar lo que hacían. Ahí está una de las partes más duras de este delito: les quita recuerdos, voluntad y capacidad de reacción. Y cuando recuperan la conciencia, muchas veces ya lo han perdido todo.
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