Informe a la nación 2026




Por: Christian Palacios, Econ. Analista económico y editorialista
Mientras las cifras oficiales hablan de crecimiento, el empleo, la seguridad, la pobreza y el costo de vida revelan un país que aún no logra transformar la estabilidad financiera en bienestar para la mayoría de los ecuatorianos.
Luego de un nuevo Informe a la Nación del presidente Daniel Noboa, resulta necesario dejar a un lado los discursos y observar aquello que realmente determina el desempeño de un gobierno: los datos.
La economía ecuatoriana muestra una paradoja. Mientras el Banco Central estima un crecimiento de 3,7% para 2025, apenas el 37% de los trabajadores tiene empleo adecuado y más del 53% permanece en la informalidad. Cerca del 25% de la población vive en pobreza y alrededor del 11% en pobreza extrema. La canasta básica supera los USD 820 mensuales, mientras los ingresos de muchos hogares siguen rezagados. A ello se suma una tasa de 50 homicidios por cada 100.000 habitantes, la más alta de la historia reciente del país y una de las mayores de América Latina. El resultado es una economía que crece más rápido en las estadísticas que en la vida cotidiana de las personas.
El crecimiento tampoco cuenta toda la historia. Durante 2025 las exportaciones no petroleras crecieron cerca del 18% y alcanzaron un récord de USD 29.400 millones. Solo el camarón superó los USD 8.400 millones y se convirtió en el principal producto de exportación del país. Sin embargo, gran parte de esta expansión proviene de sectores como la minería y las actividades extractivas, que generan menos empleo que el comercio, la construcción o la manufactura. Por eso el crecimiento económico no siempre se traduce en más oportunidades para la mayoría de los ecuatorianos.
Al mismo tiempo, el gobierno ha apostado por una estrategia de estabilidad financiera. Las reservas internacionales cerraron 2025 en USD 9.795 millones, uno de los niveles más altos desde la dolarización, mientras el riesgo país se redujo significativamente. Sin embargo, estos avances han coexistido con menor inversión pública, mayor endeudamiento y una menor capacidad estatal para atender infraestructura, salud, educación y seguridad. Se trata de una estrategia respaldada por organismos multilaterales que prioriza la confianza de los mercados y la capacidad de pago de la deuda. El riesgo es que la estabilidad financiera termine construyéndose a costa del crecimiento interno y del bienestar social.
El verdadero examen de un gobierno no está en sus informes, sino en los resultados. Y aunque algunos indicadores financieros muestran avances, Ecuador sigue enfrentando desafíos profundos en empleo, seguridad y calidad de vida. El reto no es solo estabilizar las cuentas públicas, sino construir una economía que genere prosperidad para la mayoría y no únicamente para las estadísticas.
Christian Palacios
Econ. Analista económico y editorialista
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